Me heriste con el dardo de tus dedos,
de tu aliento,
con el murmullo de tu voz rompiendo en cristales
el silencio
Me heriste absorbiendo el aire,
quitándolo de en medio
con el crepúsculo adueñándose de tu figura
en mis ojos te cincelaste
a fuego lento.
Me heriste, me traspasaste aún antes
de tocarme un solo pelo .
Catalizador de ignición,
trocaste hielo en fuego
sin tiempo de reacción.
Con las armas levantadas
pusiste bandera a mis fronteras
derrumbaste los muros
y atracaste también en mis bodegas .
Deshiciste en mi boca
el suave palpitar de las corrientes
desgusté, agridulce,
la sangre de tus venas.
Y yazgo traspasada por el filo de tu daga,
convaleciente mi anhelo
merodeando tu alma.
Si te quedas con ganas de un sábado literario...
7 soliloquios:
un abrazo calido para curar esa herida, y fuerza de espiritu para seguir adelante.
:( me quedo tristita!
Hay heridas que sangran más de la cuenta, pero al fin y al cabo... cicatrizan.
Un abrazo por tus letras y para tí mis mejores deseos.
Y lo mejor de todo es que la medicina es el propio veneno... ains... heridas de amor y guerra. :)
Un abrazo
Los dos excelentes, la poesía y el relato. Me refiero al relato de Sábado...No puedo de momento dejarte el comentario por allí, pues tendré que hacer una cuenta, pero lo haré...
Un saludo.
Tenía una visita pendiente a tu blog (y aquí estoy) aunque sólo sea para confesarte que tu comentario en el mío el pasado sábado derrochó ingenio y me gustó un montón.
Besos.
no hace falta portar armas para herir mortalmente, a veces sobra con una sola palabra.
Un abrazo!
Bello, bello, bello
Publicar un comentario en la entrada